Nari es más que cosmética natural.
Es una historia de transformación, aprendizaje y amor por las plantas.
Es la prueba de que cuando la naturaleza, la pasión y la familia se unen, nacen proyectos con alma.

nari cosmética natural

Nuestra Historia

Detrás de Nari Cosmética Natural existe una historia real, construida con plantas, aprendizaje, familia y mucha perseverancia. 

Nari nació desde una necesidad muy humana: convertirme en madre y al mismo tiempo encontrar una manera de generar ingresos haciendo algo con propósito.

Soy Ingeniera Agrónoma y, al graduarme, mi sueño era cultivar alimentos. Pero en mis primeros intentos nada salía como esperaba. Las plantas morían y yo no entendía por qué. Sentía frustración, dudas y muchas preguntas. Fue entonces cuando, con el apoyo incondicional de mi esposo, tomé una decisión que cambiaría mi vida: estudiar agricultura orgánica.

En el año 2016 viajé en bus hasta Jamundí, Colombia, para asistir a un taller intensivo de agricultura orgánica durante 7 días. Ese viaje marcó un antes y un después. A mi regreso entendí algo fundamental: para que una planta crezca sana, primero hay que cuidar la vida del suelo. Aprendí sobre microorganismos, nutrición natural y elaboración de abonos fermentados tipo bokashi.

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Poco a poco el huerto empezó a transformarse. Comencé a cosechar tomates, pepinillos y lechugas. Pero también empezaron a aparecer otras plantas que nadie había sembrado: ortiga y llantén crecían libremente, traídas por el viento o los pájaros.

Había tantas que empecé a contemplarlas y preguntarme:
“¿Qué puedo hacer con estas plantas tan nobles y llenas de minerales?”

Y fue precisamente en esa búsqueda donde encontré un pequeño aparato que despertó una nueva pasión: un alambique.

En la cocina de nuestra casa comenzaron los primeros experimentos. Entre ollas, plantas frescas y mucha curiosidad empecé a extraer aguas florales y aceites esenciales. Sin darme cuenta, ahí comenzó realmente el camino de la cosmética natural.

En 2018 inicié talleres de elaboración de jabones artesanales y después llegaron los cursos de extractos botánicos, cremas, shampoos, sérums, pomadas y muchos otros productos naturales. Cada aprendizaje despertaba más mi creatividad y mi amor por este mundo.

Entonces empecé a elaborar productos para las ferias locales. Todo lo que las personas me pedían, yo lo investigaba, lo formulaba y lo creaba con dedicación. Así nació una conexión muy especial con nuestra comunidad.

Con el tiempo, mi hermana María Fernanda, Biologa y mi compradora número uno y una de las personas que más creyó en este sueño, se unió al emprendimiento. Juntas comenzamos a crecer en producción y organización.

Y como los sueños evolucionan, mi esposo y yo construimos un pequeño laboratorio detrás de casa. Era un espacio sencillo y pequeño, pero lleno de ilusión. Allí crecieron nuestras primeras fórmulas, nuestras primeras etiquetas y muchas noches de trabajo.

En 2024 decidimos dar un paso enorme: salir de aquel pequeño laboratorio y abrir nuestra tienda física en la comunidad que vio crecer este emprendimiento desde el inicio.

Hoy, además de nuestra tienda física, contamos con una tienda online que nos permite llevar el poder de las plantas a más personas.

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